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La Texana

 7 feb 2017
Por: Alejandro Mier

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Alejandro Mier



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Escritor de novela y cuento. Director General de Target Publicidad. ...



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Quiubas, Borrego:

No mames con lo que me pasó hace dos semanas. Tengo días queriendo escribirte para contarte porque me cae que no lo vas a creer, compa, ¿te acuerdas de la viejota con la que se juntaba a veces mi vieja, esa a la que le decíamos la Texana, por grandota y nalgona? La que nos latía para “lesbi”… Pues después de un chingo de años de no verla, reapareció y se volvió uña y mugre de mi vieja. La verdad compa, y esto sólo te lo puedo contar a ti porque sé que te lo vas a guardar, mi vieja y yo hemos tenido un año del carajo. Hay veces que hasta he pensado en separarme, de plano. El séptimo año de matrimonio me la cumplió cabrón, ¿sí, no?, eso dicen, que cada siete años todo se vuelve un pedo.

Bueno, pues prepárate a escuchar: el sábado antepasado llegué a la casa como a las once de la noche porque, la neta, llevo unos meses que cuando salgo de la oficina, me voy a cualquier lado para matar tiempo con tal de encontrar dormida a mi vieja cuando llego a casa. Pero qué tal que esta vez, estaba en el comedor con la nalgona echando trago. Ya sabes, para disimular que estamos mal, saludé y me senté un ratito con ellas. La verdad, ya traían su jarra las dos, casi se acababan la botella de Torres 10. Y aquí comienza lo bueno Borrego, pues resulta que mi vieja traía una de esas minifaldas que sólo la dejo ponerse en casa. Y cada que iba a servirse y se agachaba por los hielos, se le veían las piernas completitas y hasta los calzones. Yo no sé si lo hacía a propósito sabiendo que a los dos nos iba a traer pendejos, pero el caso es que la Texas, ya con el pedo, le valió madres, y la veía con unos ojos de lujuria, que ay te cuento. Al principio me molestó la actitud de mi vieja porque como estamos enojados, le encanta enseñar para dejarme con las ganas, pero luego, después de ver como se puso la lesbianota, más bien me dio risa. Al ratito, se pararon a bailar bien pegadito y pues la cosa comenzó a arder porque, ¿a quién no le gusta ver bailar a dos viejas juntas? La neta, sí me prendieron gacho; lo hacían con toda la intención, más bien como burlándose. Pero, imagínate Borrego que en una de esas que mi vieja se va al baño, se me acerca la Texas con los ojos como a medio morir, bien gelatinosos de tanto alcohol, y me dice “¿quieres que te baile?” y que me pone su trasero a milímetros de la cara, nomás de acordarme te juro que me vuelvo a prender; traía un pantalón lila, de esos de tela delgadita, bien embarrados, que deja tú como se le marcaba la tanga… su enorme cabús ¡parecía dos gigantescos duraznos y yo moría por morderlos y ver escurrir su jugo!

A pesar de saber que entre esas nalgas traía escondido el cascabel de la serpiente que era, estaba a punto de agarrárselas, así, cabrón, cuando se oyó la puerta del baño y ella se retiró bailando como si nada. Pues total que yo preferí subirme a dormir porque aparte de que los tres ya estábamos bien servidos, pensé que de ahí, yo no iba a ligar nada, ¿pa qué sufrir, no wey?

Y ahí me tienes bien jetón, cuando como a eso de las cinco de la mañana, me despiertan unas risitas y en medio de la oscuridad, veo que las dos se quitan la ropa y se acuestan a dormir. Puta madre, Borrego, me cae que pasaron como veinte minutos para que me animara, hasta me acordé de la canción de Sabina que cantábamos, ¿te acuerdas? La que estando en una situación por el estilo, canta “¡esta es la mía!”; pues yo igual, y que me acerco a mi vieja y empiezo a cachondearla. Pensé que me iba a empujar como lo hace cada que intento algo desde que te digo que estamos mal, pero estaba tan peda que ni me sentía; así que yo agasajándome y ya que la tenía bien cerquita, como que no quiere la cosa, estiré la mano debajo de la sabana y que le pesco una chichi a la Texas; yo que pensé que las tenía chiquitas, ¡nombre compa!, qué va a ser, me llenaba toda la mano, suavecita, bien rica… ¡cómo ves, wey!, ¿alguna vez te has echado un trío? No mames… después, bajé despacio mi mano hasta sus nalgas y en cuanto me sintió, que se empieza a contonear suavecito, al ritmo de mi mano y de repente, te juro que no me di cuenta ni en qué momento fue, ya estábamos los tres enredados en medio de la oscuridad. Los siguientes minutos fue un agarradero cabrón. La que menos participaba era mi vieja, seguía más dormida que despierta. Pero de pronto, ¿mira si no será cabrona la Texana? Bien dominadora, que prende de las muñecas a mi vieja y comienza a hacerle sexo oral, y sí, claro que es espectacular ver eso, pero, ¿y yo qué? A mí ya nadie me pelaba, así es qué, ¿sabes qué hice? (pinche Borrego, wey, somos carnales eh, no se te vaya a salir nada de esto), que me pongo junto a mi vieja y hago que me de sexo oral mientras la Texas la atendía. Agarra la onda que me acuerdo por cachos y tengo lagunas de otras partes… el caso es que luego, no sé ni cómo, quedé del lado de las Texas, y ¡ay papá!, la agarré de cucharita, abrí ligeramente su trasero con mis dos manos, que se la dejo ir hasta adentro y ¡a darle compadre! No sabes… así como agarró las muñecas de mi vieja, ahora se aferraba a la almohada; las venas y los huesos le brincaban de las manos; me aventaba sus nalgas con un chorro de fuerza y eso nos excitaba grueso a los dos, la agarré de los pelos y unos instantes después terminamos juntos, yo jadeando y ella, que todo el primer round en trío se había quejado quedito, ahora relinchaba como la yegua que es. Estuvo delicioso, lo más “hot” que he vivido.

¿Cómo viste, Borrego? ¡Gruesísimo, verdad! Te lo dije.

La neta, pensé que no iba a volver a ver a esa pinche vieja, pero ¿qué tal que el miércoles siguiente va sonando mi teléfono y era ella?

–Bueno, –contesté sacado de onda.

–¿Qué onda bato?, soy yo –escuché su voz en tono cachondo.

–Ah, hola… –respondí, según yo muy tranquilo.

–Oye… es que… ¡ya pues!, me gustó mucho estar contigo y quería preguntarte… claro sin que te vaya a meter en un pedo y sólo si tú quieres también…

Yo calladito, compa, nomás la dejé hablar…

–¿Si no te gustaría que nos echáramos unos “drinks” el viernes?

–Pues no suena nada mal, ¿dónde te latería?

–El bar de “La mal querida” está bien, ¿no?

Apenas iba contestarle, cuando continuó:

–O mira, pa’ que le damos vueltas, si tú estás de acuerdo, mejor nos saltamos el bar y nos vamos directo a un hotel?, ¿cómo ves?

–No, pues yo por mí, sin problema. El viernes a las 9 en el “Luna Azul”. Yo te llevo tu Torres 10.

–Me encanta la idea, –finalizó en el tono más satinado que he escuchado.

Yo moría porque llegara el viernes. Así que ese día, después de comer, me puse mi camisa “Givenchy”, ¿ya sabes?, de las que trajimos del gabacho, y bien perfumadito que me salgo de la casa. Obvio, mi vieja vio todo. Y ahí me tienes a las 9 de la noche bien puntualito abriendo la puerta… ¡pero de mi casa! Y lo que supuse, mi vieja estaba en la mesa echándose unos tragos y en cuanto me vio, ¡pálida es poco! Parecía cuija jarocha, ¿te acuerdas Borrego, de esas lagartijas blancas, blancas, que nos chingábamos con el rifle de diábolos cuando chavos? Pues has de cuenta.

–Quiubas, –le dije.

–¿Y ora tú? Te fuiste tan perfumado que pensé que ibas de fiesta…

–No, lo que yo quiero es echarme un trago contigo, ¿me invitas una?

Andábamos tan mal que en circunstancias normales me hubiera mandado a la goma, pero como estaba bien sacada de onda, me la sirvió.

Luego, ¡agárrate wey!, nos sentamos en la mesa, así frente a frente, puse el teléfono en altavoz en medio de los dos, ¡y que le marco a la pinche Texas! ¡Agüigüi compa! Tú me conoces, me trajeron por calenturiento, no por pendejo. Y que va contestando la muy cabrona…

–Holaaaaa. –dijo así, ¿ya sabes?, cuando las viejas estiran las palabras como con ganas de que te las cojas.

–Hola, –respondí y al mismo tiempo la hice una seña a mi vieja para que ni se le ocurriera hablar…

–¿Qué onda?, ¿ya lista?, ¿ya estás en el hotel?

–Siiii papi, esperándote con una tanguita que te va a enloquecer.

–Jaja, ¿pues cómo ves que estoy aquí con mi vieja?

Se hizo un silencio de micro segundos, que me cae que para ellas fue un puto siglo. Luego respondió…

–No mames, qué broma es esa, ¿no quedamos en que íbamos a coger…

Y que mi vieja la interrumpe, tan tranquila:

–Ya, nena, ya ni le sigas, mi esposo está aquí conmigo… –y que le cuelga el teléfono.

Me le quedé viendo y le dije, “no mames, ¿y ustedes creyeron que yo iba a caer? ¿Cuántas veces te dije que esa pinche lesbiana es bien malévola? Y tú tragándote todos sus cuentos”.

Mi vieja se cubrió el rostro con las manos y llorando, respondió:

–Es que me dijo que los hombres son unos pinches infieles… y que de todos, segurito tú eres el que más…

–¿Y qué? Me tendieron la trampa para comprobarte que si me provocaba me la iba a tirar… ¿y a cambio de qué? No te preocupes en responderme, sé muy bien que para que tronáramos y entonces ella te convenciera de que estar con una mujer es mejor que con un hombre… ay que pendeja eres, siete años echados al carajo por una culebra ponzoñosa.

Agarré mi vaso y me fui al bar del “Siete mares”.

Dos semanas después, me la volví a topar en el antro “Aqua”, ¿te acuerdas, Borrego, ese fresón que está en Anzures? Ahí estaba en una mesa tan peda que ni me reconoció. Traía a varios zopilotes saboreando ya la conquista, pero la Texana no perdía de vista a la mesera, que la neta, sí estaba bien buena. Me dieron mi mesa e instantes después, desfilaron delante de mí, primero las piernotas morenas de la mesera y después, caminando como fantasma, la pinche Texana. Se notaba a leguas el cascabel escondido entre las nalgas y los ojos gelatinosos, a medio morir.

Ahí está, mi Borrego, ¿apoco no estuvo cañón este pedo?

Bueno, pues ay te ves y en una de estas te caigo por allá. Tú, también escribe no, ¿a poco no te has ligado ni una morrita? Cuenta, baboso.

Tu compa, Rafael.

PD: Espero que con el “estatequieta” que le puse a mi vieja, ya se aliviane… total, la semana que entra es nuestro octavo aniversario, a ver si con brincar el apestado siete, la libramos.

 

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